Javier Mendoza Jiménez

Yo tampoco lo vi venir. Yo también pensaba que estoy iba a ser una gripe más y que no nos íbamos a ver en estas. Eso sí, me niego a opinar como si tuviera conocimientos de epidemiología, si acaso de economía y tampoco tantos no se crean, aunque sí he recuperado mis clases de estadística para ver curvas logarítmicas y lineales.

De lo que sé algo más es de la Unión Europea (de algo tenía que servir un máster de 2 años y más de 10 de colaborar en proyectos internacionales y asociaciones de estudiantes) pero debo confesar, a pesar de mi agnosticismo, que sigo sin entenderla demasiado. Comprendo el funcionamiento de las instituciones, los mecanismos de tomas de decisiones e incluso podría hablar de la idiosincrasia de varios de los países menos conocidos por los que he tenido la fortuna de vivir y viajar con frecuencia.

Lo que escapa a mi entender es sus ganas de auto-destruirse – que por otra parte parece que la clase política está empeñada en replicar en España – sobre todo cuando vienen mal dadas. La UE destina, para este período de financiación, más de 60 mil millones de € en ayuda al desarrollo. Y digo bien, ayudas, fondos para el crecimiento de determinados países. No es el FMI cuyas «ayudas» suelen ser créditos cuyas condiciones rozan la usura y que se ha demostrado que hacen más daño que bien.

Partiendo de este dato y con el temporal que tratamos de capear, me genera una gran incomprensión y frustración que si, ante catástrofes naturales somos los primeros en ayudar, cuando llega el mayor desastre social y económico desde las guerras mundiales no se sea capaz de actuar con amplitud de miras y de aprovechar un momento que podría ser de consolidación de la UE – y más en un contexto donde el Brexit ha hecho mucho daño.

¿Cómo es posible que no se genere un fondo de emergencia de verdad sin condiciones? ¿Qué no se dote de manera extraordinaria el Fondo Social Europeo? ¿Qué se sigan haciendo cálculos políticos y vendiendo el eje Norte-Sur? ¿Qué se tenga tan poca inventiva que se vuelva a dejar en manos del sistema financiero el papel de filtro de más de medio billón de € después de lo vivido hace una década?.

¿Tan pobre es esta Unión que lo único que tiene es dinero? ¿Tan ciego se está que no hay capacidad para ver las repercusiones de actuar de manera partidista, con cartas marcadas y vendiendo caridad en lugar de colaboración?. ¿De verdad alguien puede creerse que este es un virus de España e Italia, y ojo con Francia, cuando incluso el primer caso que tuvimos por aquí fue de un turista alemán?.

Es tan pobre esta Europa que incluso en fundador de Twitter ha donado el doble del paquete acordado el otro día para luchar contra el coronavirus y contra lo que vendrá después. No se trata de dinero, se trata de actitudes. De no dar lecciones de ética desde cuasi paraísos fiscales como Holanda, que provocan la desviación de impuestos que deberían ir a esos países del Sur ahora desdeñados.

He visto el lado bueno de la Unión Europea en muchas ocasiones, he visto como se pueden construir proyectos conjuntos, mejorar la vida de las personas, funcionar desde un modelo distinto, donde prima la colaboración, el debate y la búsqueda de resultados comunes. ¿Sobrevivirá la UE a esta pandemia? No lo sé, y por primera vez en mi vida, tampoco sé si lo deseo.


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